El IV Infinitri Triatlón MD Peñíscola superó a las tres ediciones celebradas con casi 800 inscritos y una organización al más alto nivel. Entre otras novedades de esta cuarta edición se celebró el campeonato de la Comunidad Valenciana de media distancia, decidiendo el campeón y campeona autonómico de triatlón, además el cambio en el circuito de ciclismo que pasó de 3 a 2 vueltas para poder albergar el aumento de triatletas.

A las 7:30 de la mañana del 24 de abril de se dio la salida a la prueba que en su primer segmento, el de natación, de disputó en un recorrido de 2.090 metros rodeando el castillo del Papa Luna desde la playa sur a la playa norte. Posteriormente los participantes recorrieron los 90 kilómetros del circuito de ciclismo por las localidades interiores de Cálig, Sant Jordi y Cervera del Maestre, para terminar con una media maratón que discurrió por las impresionantes calas de la Serra d’Irta. Unos exigentes segmentos que además estuvieron acompañados de un fuerte viento que endureció a un más la prueba.

Nuestro compañero José Vaquer participó por segundo año en este exigente triatlón finalizando con un tiempo de 5h 14’ 53” con los siguientes parciales, enhorabuena.

Posición Tiempo
Natación 2,1 km 375 00:38:47 1,51 min/100 m
Box 1 00:04:12
Carrera en bicicleta 90 km 279 03:00:07 29,81 km/h
Box 2 00:01:56
Carrera a pie 20 km 201 01:29:49 4,32 min/km
Diferencia con el ganador 00:54:31

Os dejamos sus impresiones:

Por segundo año consecutivo considero esta prueba como uno de los objetivos principales para esta temporada 2016. No puedo negar que he empezado a cogerle cariño a Peñíscola; porque aquí debuté en triatlón y aquí también hice el año pasado mi primer triatlón de media distancia. Y, además, este año la Federación Valenciana de triatlón había considerado el INFINITRI como Campeonato Autonómico de triatlón de media distancia. Esto le añadió más ilusión si cabe al hecho de intentar hacer el mejor papel posible. Empiezo desde Octubre planificando los entrenamientos para llegar al 24 de abril en las mejores condiciones físicas posibles. Empiezan los madrugones para salir a entrenar, las noches en las que te acuestas cansado después de salir a correr… el frío que pasas en el mar, a pesar de llevar neopreno. Menos mal que siempre cuento con la compañía de mi padre cuando voy a nadar, equipado con sus prismáticos, su gorra y su cronómetro….y su almuerzo!!, porque no se nos olvide que el agua da mucha hambre, tanto a los que nos metemos dentro de ella como a los que se quedan en la orilla.

Los días previos a una prueba, sea de la disciplina que sea y la distancia que sea, son siempre los peores. Notas que te va cambiando el humor, te vas metiendo poco a poco en tu burbuja de concentración…las conversaciones se van reduciendo a simples monosílabos. Los nervios te van atenazando por dentro y el semblante se vuelve un poco más serio, el cuerpo nota que está ante un gran esfuerzo físico y psíquico y no quiere distracciones… al menos, eso diría yo.

Llegamos el sábado 23 a Peñiscola por la mañana, con tiempo de dejar las cosas en el hotel y de salir a pasear un poco, hablo en plural porque vienen conmigo, una vez más, Maite y mis padres. El Comando Ultra como yo los llamo, porque estos sí que te siguen a todas partes y nunca dejan de animar.

Va pasando la tarde y ya he dejado la bicicleta en el box, esta vez y en previsión de que pudiera llover algo por la noche la he metido dentro de un plástico. Como yo, muchos. Algunas dentro de una preciosas fundas, otras medio tapadas con bolsas de plástico…veo que quien más y quien menos trata de cuidarse lo suyo lo mejor que puede.

Ya por la noche, el tema estrella del día: La previsión del tiempo para el día siguiente. Después de una semana de lluvias y sol, para el domingo dan viento… pero no brisas marineras, ¡que va! rachas de 40 a 50 km/h. Estamos todos un poco preocupados por ello, sobre todo por el sector de la bici, el cual, además de añadirle dureza respecto al circuito del año pasado, vamos a ir la mayor parte del mismo con el viento de cara. Pero bueno, esto es un medio Ironman, no vamos a poner excusas, el viento será el mismo para todos… aquí empiezo a entender que será muy difícil bajar mi marca del año pasado. Con la preocupación del viento nos vamos a dormir pronto, que al día siguiente hay que madrugar.

Sobre las 5:30 me levanto y tomamos el desayuno junto con la correspondiente carga de hidratos. El estómago lo noto totalmente cerrado, pero me fuerzo a comer, también es verdad que a esas horas de la mañana tampoco es que se tenga mucha hambre de normal, pero hay que echarle alimento al cuerpo.

Bajamos a boxes y ahí ya ultimo los detalles de la bici, preparo las zapatillas para la carrera… los geles en el portadorsal. Los nervios son ya más que evidentes y el viento ha confirmado nuestras peores sospechas, va a condicionar el desarrollo de la prueba. El mar se ve revuelto y las vallas de protección empiezan a ceder. El viento sopla del norte, confirmado, lo vamos a tener de cara y lateral en la mayor parte del recorrido y solo de cola en los últimos 15 kilómetros.

Nos dirigimos a la playa Sur de Peñíscola, me acabo de colocar el neopreno y me meto en el agua para soltar un poco los nervios. Salgo en la primera salida, junto con el resto de triatletas de la Comunidad Valenciana, en la segunda salida los del resto de España. La tercera la conforman los triatletas no federados y la cuarta la de féminas.

A las 7:30 suena la sirena y empieza el sector de natación, partiendo de la playa Sur tenemos que dar una vuelta al castillo. Ahora contamos con la ventaja que el castillo nos tapa el aire y nos metemos en un mar muy tranquilo. Me meto en la parte final del grupo esperando así evitar una buena porción de golpes y patadas. En cuanto empiezo a dar brazadas los nervios se van y procuro concentrarme en mi ritmo, en la respiración y en no agobiarme por la multitud. Llego a la primera boya y si hasta el momento había nadado tranquilo, ahora empiezan a aparecer nadadores de todas partes, a caer los golpes, a recibir patadas (quiero pensar que todas involuntarias). Todos queremos apurar al máximo el viraje y evitar hacer metros de más. Por si fuera poco, una vez abandonamos el abrigo del castillo notamos la fuerte corriente que provoca el viento. El mar se convierte en una auténtica lavadora, te sube, te baja, te hace tragar agua, te golpea. Un auténtico suplicio para los que no somos buenos nadadores. Trato de centrarme en la siguiente boya, siempre objetivos cortos, procurando no desviarme demasiado de una línea recta imaginaria, pero las corrientes en contra hacen que esto sea un poco más difícil en cada brazada.

A mitad del recorrido oigo un gran rumor por detrás, son los primeros nadadores de la segunda salida que ya nos están alcanzando. Estos te pasan por encima literalmente, si no fuera ya difícil de por sí el no agobiarse en el mar, solo me faltaba que me hundieran un poco más cuanto te están adelantando. Procuro seguir pensando en positivo y me centro en la siguiente boya, y en la siguiente. Giramos por fin el castillo y nos dirigimos a la playa Norte, ahora las corrientes nos empujan de forma lateral en dirección al castillo. Me concentro en tratar de no dejarme llevar por las corrientes y nado en perpendicular, esperando con ello que me aleje de las rocas aunque haga algunos metros de más. ¡Por fin alcanzo a ver el arco de la salida del agua!, menos mal porque empiezo ya a estar realmente cansado y solo veo nadadores que me van adelantando, de momento ninguna buena noticia. Cuando salgo del agua estoy realmente extenuado, el mar ha podido conmigo. Mi padre me indica que he hecho un tiempo de 38 minutos, sólo un minuto más que el año anterior. Llego a la T1 y no tengo fuerzas ni para quitarme el neopreno, me cuesta una eternidad y el viento es realmente molesto. Aquí tomo la decisión más importante, no voy a intentar bajar la marca del año pasado, voy a tratar de disfrutar de la prueba y a olvidarme de ritmos, pulsaciones y a centrarme en disfrutar de los dos sectores que me quedan. Ya con el chip competitivo fuera me subo a la bici y busco un poco de alimento de la bolsa que debería tener en el cuadro… con los nervios me olvidé de ponerme la bolsa con mis barritas de proteína, mis barritas de hidratos… suerte que en el portadorsales me coloqué dos geles. El mundo se me cae a los pies, siento que he fallado y que el entrenamiento que he hecho no me va a servir de nada porque no llevo ningún complemento. Bueno, no vamos a bajar de la bici por ello, en los avituallamientos nos dan de todo, procuraré coger todo lo que me den y alimentarme lo mejor que pueda pienso. Trato de animarme y de no agobiarme por este error imperdonable. Procuro acoplarme lo mejor que puedo al manillar de triatleta pensando que cortaré mejor el aire… pero ni por esas, el aire nos empuja con fuerza para atrás haciéndonos llevar a todos desarrollos mucho más altos de lo que nos gustaría. Por suerte en los primeros kilómetros llego a la altura de Jimy del club Anfibios de Almassora y le explico lo que me ha pasado con la comida. Sin pensárselo dos veces me da una barrita suya, la cual, según él, “lleva de todo”. Me agarro a ella con todas mis fuerzas y doy por salvado el escollo. La carretera pica para arriba hasta llegar a Càlig, y empieza un segmento rompe piernas también con el aire en contra hasta Sant Jordi. Ansiaba llegar a Sant Jordi porque era el punto más al norte del recorrido y de ahí hasta Cervera esperaba el aire favorable, pero lo tuvimos lateral. Llegamos a las rampas de Cervera, inéditas hasta esta edición y si no teníamos ya bastante con el aire, la carretera empieza a subir haciéndonos ir un poco más atrancados si cabe. Es aquí donde me cruzo con los primeros clasificados, parece ser que a ellos el aire no les molesta tanto como a los demás pensamos todos al verlos pasar volando. Y digo volando porque el viento seguía haciendo de las suyas, obligándonos a cogernos muy fuerte del manillar de la bici para evitar nos tirase al suelo. De hecho en varias ocasiones llegué a pensar que me tiraría, sobre todo cuando dejábamos el abrigo de las montañas y rodábamos por espacios más abiertos.

Este año, al ser elegido el triatlón de Peñíscola como sede del Campeonato Autonómico, la organización previendo una mayor afluencia de triatletas varió el bucle formado por las localidades de Cálig, Sant Jordi y Cervera, haciéndolo más largo y más duro para evitar en la medida de lo posible la formación involuntaria de grupos, ya que al tratarse de una prueba sin drafting ello implica que no se puede ir a rueda o en grupo en el sector de bici. Siempre hay que mantener una distancia mínima con el resto de participantes.

Llego a boxes con un tiempo de tres horas justas, mucho mejor de lo que esperaba cuando me subí a la bici. En boxes hago acopio de barritas y geles para el último sector, la carrea a pie. Como en el sector de la bici decidí no empeñarme en pelear por hacer una buena marca y exprimir mis fuerzas, llego bastante entero a este tramo. Mi intención primigenia era la de ir a 4’30” y lo consigo al menos durante los primeros diez kilómetros, pero las cuestas y el cansancio acumulado me impiden mantener este ritmo en la segunda y última vuelta. Me empeño en tratar de mantener un ritmo cercano al objetivo y me voy fijando de nuevo objetivos cercanos que me hagan mantener un ritmo competitivo. A pesar de todo voy recuperando posiciones poco a poco aunque también miro con envidia lo rápido que van los que me adelantaban, afortunadamente son los menos, pero imposibles de seguir y tampoco pretendo hacer cambios bruscos de ritmo que puedan acabar de romperme. Voy cogiendo todos los geles que nos va ofreciendo la organización. Aquí quiero agradecer el gesto de un voluntario que vino corriendo detrás de mí para darme un gel que me había caído, lo recogió del suelo y vino a buscarme corriendo.

Llego a la última cuesta, se oye la batucada, la orquesta de animación…ves la gente agolpada animando y decido lanzarme con lo que me quede hasta línea de meta, serían unos 700 metros pero intento dar lo poco que me quedaba dentro, porque cuanto antes llegase antes podría descansar y antes terminaría el dichoso aire y además son ya cuesta abajo. Alcanzo por fin la zona vallada y allí están esperándome Maite y mis padres. Es inevitable no emocionarse en ese momento y me fundo en un abrazo con ellos. Sólo me faltan veinte o treinta metros para acabar pero bien vale la pena parar un poco antes para poder celebrar con ellos el éxito de terminar la prueba.

Cruzo la meta con un tiempo de 5h 14 minutos y 53 segundos, tan cansado que sólo tengo ganas de llorar, cansado de no parar de pelear contra el viento desde el primer minuto. Muy cansado pero al mismo tiempo muy satisfecho por el tiempo invertido.

Y ya desde el día siguiente a pensar en siguientes objetivos como el Campeonato de España de triatlón de media distancia que se celebra en Valencia el próximo 12 de junio.

Nos vemos en la meta! 🙂